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Gijón estalló en un ensordecedor rugido cuando, uno a uno, fueron apareciendo en escena los miembros de la E Street Band y ocuparon sus respectivos lugares en un sobrio espacio de 50 metros adornado únicamente con los efectos producidos por 364.000 watios de luz y dos grandes pantallas situadas a ambos lados de la tarima. Roy Bittan, Danni Federici, Gary Tallent, Stevie van Zandt, Nils Lofgren, Max Weinberg, Clarence Clemons... y finalmente, tras ellos, cerrando el desfile, el gran Springsteen vestido completamente de negro, sonriendo y saludando a los incondicionales que en ese momento convertíamos El Molinón en un auténtico hervidero entre aplausos y gritos delirantes recompensados con los primeros compases de la impresionante "The Promised Land" elegida para abrir la gira española. Y, a partir de ahí, los nuevos temas del álbum "The Rising" sonando mejor que nunca y perfectamente combinados con las míticas composiciones que han ido forjando la leyenda a lo largo de 39 años resumidos en más de tres horas de absoluto y puro delirio.
Las principales cadenas de televisión nacionales se hicieron eco del concierto con noticias como estas en sus diferentes espacios informativos.
Ahora, coincidiendo con estas fechas en las que Bruce está a punto de regresar a nuestro país con el fabuloso "Wrecking Ball" bajo el brazo, es imposible no recordar aquellos entrañables momentos con la ilusión del primer día y sentir la misma emoción de entonces al pensar en el ambiente previo que rodea a cada uno de sus conciertos, en la intensidad de su música en directo y en el desgarrador grito "one, two, three, four..." que sirve de perfecta introdución para muchos de los temas que se suceden encadenados y van dando forma al más puro y directo espectáculo del rock.
Springsteen sigue siendo el perfecto maestro de ceremonias, un director de orquesta que va marcando las pautas del concierto sin normas establecidas... y no sólo para los miembros del grupo, sino también para el entregado público que abarrota los estadios adorándolo como a un dios. Improvisa, ordena, y el resto de la banda ejecuta fielmente sus órdenes al alargar infinitamente un solo o triplicar la duración de cualquier tema hasta lograr la extenuación de sus incondicionales en un estado de completa embriaguez. Desde su privilegiada tarima de orador, ofrece un vibrante discurso transformado en ritmo y letras mientras se divierte jugando con el público, sonríe, provoca y transmite en todo momento esa inagotable energía positiva que ya se ha convertido en su particular sello de identidad.
Así es el genio de New Jersey, inconformista, exigente y completamente entregado a su gente, capaz de divertirse como un niño al alargar hasta un par de horas una simple prueba de sonido y ofrecer después uno de sus más brillantes conciertos durante otras tres más, como ha ocurrido en muchas ocasiones. Disfruta haciendo música y eso se nota cada vez que aparece sobre un escenario; sin ninguna duda el mejor lugar que existe para que un artista demuestre realmente lo que vale, en directo y sin trucos de estudio, manteniendo ese contacto directo en perfecta comunicación con el público gracias al lenguaje universal de la música. Y eso, precisamente, es algo que aquella histórica noche en Gijón y en cada uno de los conciertos ofrecidos en su imparable trayectoria, Bruce Springsteen ha demostrado sobradamente. Sin ninguna duda, siempre ha sido, es y seguirá siendo... sencillamente el mejor de la clase.
("American Land" en el Hard Rock Calling Music Festival 2009, celebrado en Hyde Park de Londres)
