Acaba de cumplirse medio siglo de uno de los momentos fundamentales en la trayectoria musical de The Beatles. Por primera vez, en 1962, el cuarteto de Liverpool lograba entrar por la puerta grande en las listas de éxitos de la época con "Love me do", una de sus más brillantes composiciones que, cincuenta años más tarde, vuelve a demostrar que los clásicos nunca pasarán de moda. Con este primer sencillo, los fabulosos cuatro pasaron de ser un grupo de la zona a obtener reconocimiento y excelentes críticas más allá de las fronteras del condado de Merseyside. Así comenzaba la leyenda.
Era un 6 de junio de 1962. John, Paul, George y por aquel entonces Pete Best, aprovecharon la jornada para dejar grabado el que, sin saberlo, se convertiría en uno de los temas que más satisfacciones y buenos momentos les iban a aportar en sus inicios; su primer éxito oficial en el Reino Unido, la canción por la que muchos empezaron a mostrar un grandísimo interés hacia la música de estos cuatro jóvenes rebeldes cargados de sueños e ilusiones. Ese histórico día del que ahora se cumplen 50 años, el grupo tuvo su primera sesión en los legendarios estudios londinenses de EMI en Abbey Road como parte de una soñada audición para el sello filial Parlophone. En ella, se grabaron cuatro temas: "P.S. I love you", "Bésame mucho", "Ask me why" y, por supuesto... la primera de las tres versiones que finalmente llegaron a registrarse de "Love me do".
Rechazando el máster del 6 de junio y no quedando contento con el resultado final, el productor George Martin decidió sustituir a Best por Ringo Starr a la batería en una nueva sesión programada para el 4 de septiembre. Pero aún así y después de todo, tampoco quedó completamente convencido y contrató al músico profesional Andy Williams para ocuparse de la sección rítmica. El resultado fue una tercera grabación que contó con la aportación, eso sí, de Ringo tocando la pandereta.
La versión que finalmente se presentó al mundo como single, fue la segunda, la de Starr a la batería. Apareció a la venta el 5 de octubre de 1962 como cara A de un vinilo que también incluía el estupendo "P.S. I love you" en el lado opuesto. En pocos días, sorprendentemente, llegó a despachar más de 100.000 copias y entró directamente a número 17 de la lista británica Record Retailer, una de las más prestigiosas e influyentes por aquel entonces en todo el país.
En "Please Please Me", el primer LP del grupo estrenado un año más tarde, se optó por incluir la grabación de Andy Williams y esta es, precisamente, la que a lo largo de la historia ha ido recuperándose en todos los recopilatorios de grandes éxitos editados sobre la banda. Es por este motivo por el que la edición original editada de "Love me do" en formato single de 7'', se ha convertido en una joya muy codiciada y perseguida por los incondicionales y exigentes coleccionistas de discos con un elevado valor histórico. Por su parte, la completísima trilogía de rarezas remasterizadas y material inédito "The Beatles Anthology" nos ofrece la única posibilidad hasta el momento de escuchar la primera versión con la batería de Pete Best, la misma que estos días se encuentra celebrando su primer medio siglo de vida.
Primera y rarísima versión de "Love me do" con Pete Best a la batería.(06-Junio-1962)
Remasterizada y recuperada en el primer volumen de la colección "The Beatles Anthology" (1995)
Larga vida al disco de vinilo
Para mí siempre supone una satisfacción enorme escuchar estos recuerdos en buena compañía, revolviendo sin descanso aquellas pequeñas joyas capaces de hacernos recordar un determinado momento en la vida, una sensación o emoción recuperada instantáneamente de nuestra memoria gracias al extraño poder que ejerce la música en los sentidos. Y aunque últimamente he dedicado mucho tiempo a digitalizar todo este material, sobre todo por seguridad y movilidad, me encanta aprovechar cualquier oportunidad para volver a sentir el inmenso placer que supone sacar el vinilo de su carpeta, limpiarlo, colocarlo sobre el plato giradiscos y escuchar ese característico chasquido de la aguja entrando en contacto con el microsurco. Pues sí... reconozco que me encanta coleccionar y escuchar discos a 33 ó 45 rpm, de 7'' o 12'', antiguos o nuevos lanzamientos editados en este formato del que muchos artistas se resisten a prescindir sabiendo la importancia que tiene esta emocionante forma de disfrutar la música.
En la época del sonido digital y la tan nombrada crisis del sector, resulta curioso comprobar como el crecimiento del vinilo está reactivando considerablemente el mercado de la música. Cada vez son más las bandas que deciden apostar fuerte por el antiguo formato y presentan sus producciones a 33 rpm, influyendo directamente en la demanda y cada vez mayor interés por parte de los nostálgicos compradores. Katy Perry, David Bowie, Paul McCartney, Flaming Lips y White Stripes se encuentran entre los distintos artistas que han decidido inmortalizar sus trabajos en microsurco coincidiendo con la celebración del Día de las Tiendas de Discos el pasado 21 de abril. Los establecimientos independientes han sabido aprovechar esta carta a su favor en la dura competencia que suponen los servicios de venta digital y demuestran con datos que los vinilos no llegaron a morir tras la aparición del CD el 17 de agosto de 1982. Las cifras hablan por sí mismas. El año pasado, las ventas de maxi-singles y long plays en formato gramofónico aumentaron un 39% con la nada despreciable cifra de casi 4 millones de ejemplares despachados.
Son muchos los argumentos que los coleccionistas de discos ponemos sobre la mesa a la hora de defender esta apasionante afición. ¿Y tú por qué coleccionas vinilos?, suelen preguntarme aquellos que conocen mi inquietud por conseguir todo objeto circular que contenga música. Y lo cierto es que siempre respondo lo mismo. Los motivos son muy diversos y fáciles de entender por quien haya tenido el placer de "pinchar" alguno de estos "plásticos", bien sea por trabajo o por el simple gusto de disfrutarlos tranquilamente en la intimidad de su hogar.
En varias ocasiones he demostrado a los amigos más escépticos la diferencia que existe entre un disco de vinilo y su correspondiente edición original en CD, tal y como ha sido masterizada y comercializada posteriormente para los actuales reproductores digitales. En la prueba, siempre pongo en práctica el mismo experimento. A través de un buen equipo, les pido escuchar atentamente un pequeño fragmento seleccionado de ambas ediciones para que puedan confesarme, con toda sinceridad, cuál creen que suena mejor. Lo curioso es que siempre eligen, sin saberlo, el sonido analógico del disco de vinilo. "Tiene los bajos más profundos", dicen. "Suena más puro, más real". Y atención, porque se trata siempre de una determinada canción comercializada en Compact-Disc a partir del mismo master utilizado en la fabricación del vinilo.
Desde hace tiempo, entre los técnicos de sonido se habla de la denominada "carrera" o "guerra" del volumen que lamentablemente sigue afectando a la música digital. Se intenta que suene más alto, pero lo cierto es que con esta medida se aplasta salvajemente el rango dinámico, afectando de forma directa a la claridad y pureza del sonido. Los ingenieros encargados del mastering ponen como excusa la movilidad de la música actual y piensan que un disco deberá competir con el ruido ambiental al ser escuchado, en la mayoría de los casos, a través de un reproductor de mp3 portátil y en plena calle. Por este motivo, aplican la correspondiente subida en el volumen en la mezcla final perdiendo por el contrario en la dinámica. El más claro ejemplo lo encontramos en el siguiente vídeo, una interesante comparativa con la canción "Wasted years" de Iron Maiden en sus dos ediciones grabadas en CD y LP de vinilo.
Ahí está, ganando adeptos, despertando pasiones y emocionándonos en cada giro, con cada vibración de la aguja recorriendo el microsurco, con sus entrañables chasquidos de fondo y esos molestos rayones con salto incluido que tantos quebraderos de cabeza nos han ocasionado en nuestros discos favoritos. Y es que, indudablemente... con sus virtudes y defectos, sigue siendo el rey. Por eso, os invito a buscar la joya más preciada de vuestra colección, a observar sin prisa cada uno de los detalles de su portada antes de sacarlo lentamente de la carpeta y colocarlo con delicadeza sobre el tocadiscos, a colocar la aguja sobre su superficie esperando escuchar el "click" que indique el perfecto ensamblaje en el interior del surco. Y por último... que empiece a sonar la música... que vuelvan a vuestra mente los mejores recuerdos para disfrutar con los cinco sentidos de uno de esos pequeños placeres que nos ofrece la vida. Seguro que al alcanzar ese punto, no podréis evitar cerrar los ojos, empezar a imaginar y desear con todas vuestras fuerzas una larguísima y espléndida vida al entrañable y siempre querido disco de vinilo.
Interesantísimo documental que detalla todo el proceso de fabricación de un disco de vinilo.
La noche que vibró Gijón
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Gijón estalló en un ensordecedor rugido cuando, uno a uno, fueron apareciendo en escena los miembros de la E Street Band y ocuparon sus respectivos lugares en un sobrio espacio de 50 metros adornado únicamente con los efectos producidos por 364.000 watios de luz y dos grandes pantallas situadas a ambos lados de la tarima. Roy Bittan, Danni Federici, Gary Tallent, Stevie van Zandt, Nils Lofgren, Max Weinberg, Clarence Clemons... y finalmente, tras ellos, cerrando el desfile, el gran Springsteen vestido completamente de negro, sonriendo y saludando a los incondicionales que en ese momento convertíamos El Molinón en un auténtico hervidero entre aplausos y gritos delirantes recompensados con los primeros compases de la impresionante "The Promised Land" elegida para abrir la gira española. Y, a partir de ahí, los nuevos temas del álbum "The Rising" sonando mejor que nunca y perfectamente combinados con las míticas composiciones que han ido forjando la leyenda a lo largo de 39 años resumidos en más de tres horas de absoluto y puro delirio.
Las principales cadenas de televisión nacionales se hicieron eco del concierto con noticias como estas en sus diferentes espacios informativos.
Ahora, coincidiendo con estas fechas en las que Bruce está a punto de regresar a nuestro país con el fabuloso "Wrecking Ball" bajo el brazo, es imposible no recordar aquellos entrañables momentos con la ilusión del primer día y sentir la misma emoción de entonces al pensar en el ambiente previo que rodea a cada uno de sus conciertos, en la intensidad de su música en directo y en el desgarrador grito "one, two, three, four..." que sirve de perfecta introdución para muchos de los temas que se suceden encadenados y van dando forma al más puro y directo espectáculo del rock.
Springsteen sigue siendo el perfecto maestro de ceremonias, un director de orquesta que va marcando las pautas del concierto sin normas establecidas... y no sólo para los miembros del grupo, sino también para el entregado público que abarrota los estadios adorándolo como a un dios. Improvisa, ordena, y el resto de la banda ejecuta fielmente sus órdenes al alargar infinitamente un solo o triplicar la duración de cualquier tema hasta lograr la extenuación de sus incondicionales en un estado de completa embriaguez. Desde su privilegiada tarima de orador, ofrece un vibrante discurso transformado en ritmo y letras mientras se divierte jugando con el público, sonríe, provoca y transmite en todo momento esa inagotable energía positiva que ya se ha convertido en su particular sello de identidad.
Así es el genio de New Jersey, inconformista, exigente y completamente entregado a su gente, capaz de divertirse como un niño al alargar hasta un par de horas una simple prueba de sonido y ofrecer después uno de sus más brillantes conciertos durante otras tres más, como ha ocurrido en muchas ocasiones. Disfruta haciendo música y eso se nota cada vez que aparece sobre un escenario; sin ninguna duda el mejor lugar que existe para que un artista demuestre realmente lo que vale, en directo y sin trucos de estudio, manteniendo ese contacto directo en perfecta comunicación con el público gracias al lenguaje universal de la música. Y eso, precisamente, es algo que aquella histórica noche en Gijón y en cada uno de los conciertos ofrecidos en su imparable trayectoria, Bruce Springsteen ha demostrado sobradamente. Sin ninguna duda, siempre ha sido, es y seguirá siendo... sencillamente el mejor de la clase.
("American Land" en el Hard Rock Calling Music Festival 2009, celebrado en Hyde Park de Londres)
MICHAEL KIWANUKA: El añejo sabor del soul
Los que me conocen bien, saben que cuando me da por un disco... me da bastante fuerte. Si sus canciones consiguen atraparme en la primera escucha, os aseguro que rayo la obsesión hasta el punto de llegar a reproducirlo en mi iPod en modo bucle, una y otra vez, aprovechando cualquier momento del día para seguir descubriendo hasta sus más mínimos detalles.
Pues este es el nuevo álbum que ha logrado conquistarme. Se trata de "Home again", de Michael Kiwanuka, uno de los descubrimientos más brillantes de los últimos años en el terreno del folk blues y retro soul. Tiene 23 años y con su música es capaz de transportarnos en el tiempo, recordándonos aquellos añejos discos de vinilo que nos hicieron soñar gracias a las voces de gente como Isaac Hayes, Otis Redding, Marvin Gaye o Terry Callier. Su primer disco largo viene avalado por el éxito de varios EP, la recomendación de la BBC para su famosa lista "Sounds of 2012" y numerosas actuaciones en directo, destacando su presencia como artista invitado en los conciertos de Adele durante su reciente gira de 2011.
Siempre he pensado que un buen disco debe ser capaz de hacernos desconectar de la realidad por unos instantes, transportándonos a un mundo imaginario y envolviéndonos con un manto de emociones en el mismo instante en el que cerramos los ojos y nos dejamos llevar por sus canciones. Y... sin ir más lejos, esto es algo que Kiwanuka consigue a la perfección con cada una de las composiciones producidas a la antigua usanza para su elegante y completísimo "Home again".
Simplemente, escuchadlo y dejaos llevar por la magia de una de las grandes sorpresas del año. Porque en este caso, de nuevo... unas cuantas canciones valen más que mil palabras.
El cassette cumple 50 años
50 años no son nada. El tiempo pasa con una velocidad de vértigo, pero todos sabemos que las mejores experiencias de la vida permanecen grabadas a fuego en el particular disco duro de nuestra memoria. Y ahí están, esperando a ser recuperadas en la mínima ocasión a través de esas charlas, apasionantes e interminables, con amigos que comparten nuestros mismos gustos y recuerdos. Son vivencias y sensaciones que, en la mayoría de los casos, permanecen asociadas a elementos externos; como una ciudad, un olor, una canción, una buena película... o cualquier tipo de objeto con el que hayamos interactuado en una época agradable dentro de nuestra particular línea del tiempo. Por eso, no puedo evitar sentir una emoción especial al desempolvar estos días mis viejas cintas de cassette y conmemorar con nostalgia el 50º aniversario de un extraordinario invento que permitió inmortalizar el fondo musical de todos esos recuerdos que pusieron alma a la vida de varias generaciones.
Pues sí, el entrañable cassette acaba de cumplir medio siglo. Parece mentira que un pequeño y sencillo objeto rectangular de plástico encierre tantísimas emociones y sea capaz de provocar en nosotros un sentimiento tan fuerte de cariño y melancolía, pero así es. Nos hizo sentir dichosos al permitirnos recopilar nuestras canciones favoritas durante su emisión en aquellas emisoras de radio de la época que presentaban sólo los éxitos más actuales, aunque para ello fuese necesario esperar con paciencia durante horas -y sin levantar el dedo índice del botón de pausa- el emocionante instante en el que el locutor de turno nombraba el título mientras rogábamos mentalmente que no hablase hasta el final de la canción para conseguirla entera. Era una misión imposible. En la mayoría de los casos, la canción era pisada y nos veíamos obligados a rebobinar hasta el punto de inicio para seguir haciendo guardia frente a la radio. Y vuelta a empezar con tal de conseguir nuestro soñado objetivo: tener el éxito del momento grabado en nuestra selección particular.
Los lectores más jóvenes no lo entenderán, pero en unos años en los que la música digital era algo inimaginable, el grabador de cassettes se convertía en la única opción con la que contábamos a la hora de recopilar nuestra música favorita. Y, por supuesto, aquí jugaban un papel muy importante las peticiones a la radio, a esos legendarios programas de dedicatorias que tanto nos solucionaban la vida al evitarnos los interminables ratos de espera. Una llamadita y el simple ruego "por favor, no hables encima, que quiero grabarla", bastaban a veces para que el disc-jockey se apiadase de nosotros y la emitiese sin cortes, haciéndonos sentir el orgullo de quien logra conseguir el más preciado tesoro.
Compañero fiel e inseparable de la cinta de cassette, el mítico Walkman nos permitió llevar nuestra música a todas partes. Recopilaciones particulares y grabaciones originales comercializadas en este formato, encontraron en el reproductor portátil de Sony su mayor aliado en los años 80. La comodidad de escuchar música en cualquier lado daba un paso de gigante en el terreno del ocio doméstico. Los equipos modernos con doble pletina y el aumento en las ventas de álbumes originales, más baratos que el vinilo, terminaron de afianzar un mercado imparable hasta el mismo instante que el CD empezó a irrumpir con fuerza en todos los hogares del mundo.
Pero, como decía anteriormente, 50 años no son nada para un soporte que nos ha hecho sonreír, soñar y emocionarnos. Además de música... cuántos instantes inolvidables de nuestra vida en archivos caseros y de gran valor sentimental habrán quedado grabados para siempre en esas viejas cintas de cassette que hoy duermen olvidadas entre el polvo de cualquier desván. Por ejemplo: el llanto de un bebé, las primeras palabras de un hijo o la voz de un ser querido que ya no está entre nosotros y seguirá viviendo eternamente en la fina capa magnética de esta pequeña cajita rectangular de plástico, lamentablemente hoy en día desconocida para la inmensa mayoría de jóvenes menores de 20 años.
Eran otros tiempos. Lógicamente se ha avanzado mucho en el sector del ocio y el entretenimiento personal con importantes avances tecnológicos, pero jamás podremos olvidar la sensación que producía el truco de rebobinar y avanzar rápidamente la cinta utilizando un sencillo bolígrafo BIC o la destreza con la que uníamos los dos extremos rotos por culpa de un enganche utilizando un trocito de celo, el mismo con el que cubríamos el hueco de las pestañas que habíamos roto previamente para proteger la grabación y poder así volver a grabar encima. Y todo ello... sin conexión USB. ¡Uffffff! Los más jovencitos seguirán sin entenderlo, pero creo que me estoy emocionando. Buen momento, sin duda, para repasar nuestra colección de cintas y gritar a todo pulmón... como agradecimiento a estos 50 años de satisfacciones... ¡VIVA EL CASSETTE!
Pues sí, el entrañable cassette acaba de cumplir medio siglo. Parece mentira que un pequeño y sencillo objeto rectangular de plástico encierre tantísimas emociones y sea capaz de provocar en nosotros un sentimiento tan fuerte de cariño y melancolía, pero así es. Nos hizo sentir dichosos al permitirnos recopilar nuestras canciones favoritas durante su emisión en aquellas emisoras de radio de la época que presentaban sólo los éxitos más actuales, aunque para ello fuese necesario esperar con paciencia durante horas -y sin levantar el dedo índice del botón de pausa- el emocionante instante en el que el locutor de turno nombraba el título mientras rogábamos mentalmente que no hablase hasta el final de la canción para conseguirla entera. Era una misión imposible. En la mayoría de los casos, la canción era pisada y nos veíamos obligados a rebobinar hasta el punto de inicio para seguir haciendo guardia frente a la radio. Y vuelta a empezar con tal de conseguir nuestro soñado objetivo: tener el éxito del momento grabado en nuestra selección particular.
Los lectores más jóvenes no lo entenderán, pero en unos años en los que la música digital era algo inimaginable, el grabador de cassettes se convertía en la única opción con la que contábamos a la hora de recopilar nuestra música favorita. Y, por supuesto, aquí jugaban un papel muy importante las peticiones a la radio, a esos legendarios programas de dedicatorias que tanto nos solucionaban la vida al evitarnos los interminables ratos de espera. Una llamadita y el simple ruego "por favor, no hables encima, que quiero grabarla", bastaban a veces para que el disc-jockey se apiadase de nosotros y la emitiese sin cortes, haciéndonos sentir el orgullo de quien logra conseguir el más preciado tesoro.
Pero, como decía anteriormente, 50 años no son nada para un soporte que nos ha hecho sonreír, soñar y emocionarnos. Además de música... cuántos instantes inolvidables de nuestra vida en archivos caseros y de gran valor sentimental habrán quedado grabados para siempre en esas viejas cintas de cassette que hoy duermen olvidadas entre el polvo de cualquier desván. Por ejemplo: el llanto de un bebé, las primeras palabras de un hijo o la voz de un ser querido que ya no está entre nosotros y seguirá viviendo eternamente en la fina capa magnética de esta pequeña cajita rectangular de plástico, lamentablemente hoy en día desconocida para la inmensa mayoría de jóvenes menores de 20 años.
Eran otros tiempos. Lógicamente se ha avanzado mucho en el sector del ocio y el entretenimiento personal con importantes avances tecnológicos, pero jamás podremos olvidar la sensación que producía el truco de rebobinar y avanzar rápidamente la cinta utilizando un sencillo bolígrafo BIC o la destreza con la que uníamos los dos extremos rotos por culpa de un enganche utilizando un trocito de celo, el mismo con el que cubríamos el hueco de las pestañas que habíamos roto previamente para proteger la grabación y poder así volver a grabar encima. Y todo ello... sin conexión USB. ¡Uffffff! Los más jovencitos seguirán sin entenderlo, pero creo que me estoy emocionando. Buen momento, sin duda, para repasar nuestra colección de cintas y gritar a todo pulmón... como agradecimiento a estos 50 años de satisfacciones... ¡VIVA EL CASSETTE!
Una historia de amor con fondo tecnológico
Si os cuento que un joven utilizó su iPhone para proponer matrimonio a su enamorada novia, pensaréis que esto es lo más normal del mundo y ni siquiera merece una entrada en el blog. Al fin y al cabo, cualquiera de nosotros podríamos enviar un simple mensaje de texto a nuestra pareja con la pregunta: "Churri... ¿te quieres casar conmigo?". Pero no, este chico no se conformó con eso y quiso ir más allá, currándoselo de verdad en una de las declaraciones más originales y divertidas que hemos visto nunca. Por supuesto, la chica quedó sin habla al descubrir que toda esta historia había sido montada con la única intención de sorprenderla y llevarla al altar. Ya os podéis imaginar su respuesta tras recibir el correspondiente anillo de compromiso: un SI rotundo acompañado de un gran beso para sellar una bonita historia de amor con fondo tecnológico.
Pero... antes de pulsar "play" en el siguiente vídeo, pongámonos en situación:
Chad y Vy planifican disfrutar el fin de semana con una agradable tarde de cine. Eligen la película, entran a la sala, se apaga la luz y empieza lo que parece ser un comercial de Apple en los instantes previos a la proyección. Hasta ahí todo normal. Sin embargo, poco a poco, Vy va descubriendo que esto no es lo que parece. En la pantalla se suceden fotografías y frases que resumen a la perfección su vida con Chad. Y por si eso fuera poco, de fondo aparece una alegre cancioncilla en la que el propio enamorado narra los felices meses vividos juntos. Como no podía ser de otra forma, el montaje llega a su fin con la pregunta: "Vy will you marry me?" y la imagen de un fabuloso anillo que Chad entrega personalmente a la sorprendida chica en el mismo cine.
Desde luego... más emocionante y romántico imposible. Una original petición de matrimonio creada completamente con un iPhone y sus distintas aplicaciones. La tecnología al servicio del amor con una enorme dosis de imaginación y creatividad. Este es el vídeo.
Pero... antes de pulsar "play" en el siguiente vídeo, pongámonos en situación:
Chad y Vy planifican disfrutar el fin de semana con una agradable tarde de cine. Eligen la película, entran a la sala, se apaga la luz y empieza lo que parece ser un comercial de Apple en los instantes previos a la proyección. Hasta ahí todo normal. Sin embargo, poco a poco, Vy va descubriendo que esto no es lo que parece. En la pantalla se suceden fotografías y frases que resumen a la perfección su vida con Chad. Y por si eso fuera poco, de fondo aparece una alegre cancioncilla en la que el propio enamorado narra los felices meses vividos juntos. Como no podía ser de otra forma, el montaje llega a su fin con la pregunta: "Vy will you marry me?" y la imagen de un fabuloso anillo que Chad entrega personalmente a la sorprendida chica en el mismo cine.
Desde luego... más emocionante y romántico imposible. Una original petición de matrimonio creada completamente con un iPhone y sus distintas aplicaciones. La tecnología al servicio del amor con una enorme dosis de imaginación y creatividad. Este es el vídeo.
LANA DEL REY: La Nancy Sinatra Gángster
Completo y versátil. Así es el nuevo disco que Lana del Rey acaba de poner a la venta con la satisfacción y tranquilidad que siempre ofrecen las críticas más excelentes. Muy pocas veces un trabajo ha sido tan bien recibido en su primer día de vida, aunque también es cierto que la neoyorkina lleva dando mucho que hablar desde su debut con "Lana del Ray a.k.a Lizzy Grant", disponible desde el mes de enero de 2010 únicamente en edición digital. De igual forma, hay que tener en cuenta que el vídeoclip de "Born to die" apareció hace unos meses en YouTube y los singles "Video Games" y "Blue Jeans" fueron editados en un EP especial de vinilo que sirvió para poner fondo musical a las series de televisión "Gossip Girl" y "Made in Chelsea". Por todo ello, aunque este disco se perfila como la gran sorpresa del año, lo que está claro es que no nos encontramos ante una recién llegada al mundo de la música.
Elizabeth Grant eligió su nombre artístico al unir los de la actriz Lana Turner y el del modelo de automóvil Ford del Rey producido en los años 80. Desde su cuartel general en la ciudad de Nueva York, la cantante de 25 años ha dado vida a los 12 fabulosos temas (15 en la versión deluxe) que forman su "Born to die", un álbum incapaz de dejar indiferente a todo aquel que tiene ocasión de escucharlo por primera vez. Resulta imposible no sentir un escalofrío recorriéndonos la espalda con los compases de las intimistas "Video games" o "Born to die"; emocionarnos con la extrema elegancia de "Summertime Sadness", "National Anthem", "Million dollar man"; o sonreír alegremente con el ritmo desenfadado de "Off the races". En esa variedad radica, sobre todo, la enorme cantidad de votos positivos que le están ofreciendo estos días los críticos musicales más exigentes.
En sólo 48 horas, "Born to die" ha logrado convertirse en el favorito de la semana, superando incluso el volumen total de ventas de los discos que a fecha de hoy forman el Top 10 en Estados Unidos, y alcanzando instantáneamente el número 1 de descargas digitales en iTunes en 11 países. Esto es sólo el principio. La meteórica carrera de la "Nancy Sinatra gángster", como ella misma se define, no ha hecho nada más que comenzar y promete darnos muchas sorpresas a partir de este momento.
Siempre he pensado que un disco merece realmente la pena si somos incapaces de saltar de una a otra canción sin llegar a escucharlas enteras. Pero, si además sentimos la irresistible necesidad de volver a pulsar "play" nada más finalizar el último corte del CD, significará definitivamente que hemos quedado atrapados por su magia. Y eso, precisamente, es lo que ocurre con el segundo trabajo de Lana del Rey, una atractiva y muy completa colección de canciones que acaban de aterrizar en nuestra vida dispuestas a llenar de encanto y elegancia la banda sonora que marcará los mejores momentos del día durante los próximos meses.
Elizabeth Grant eligió su nombre artístico al unir los de la actriz Lana Turner y el del modelo de automóvil Ford del Rey producido en los años 80. Desde su cuartel general en la ciudad de Nueva York, la cantante de 25 años ha dado vida a los 12 fabulosos temas (15 en la versión deluxe) que forman su "Born to die", un álbum incapaz de dejar indiferente a todo aquel que tiene ocasión de escucharlo por primera vez. Resulta imposible no sentir un escalofrío recorriéndonos la espalda con los compases de las intimistas "Video games" o "Born to die"; emocionarnos con la extrema elegancia de "Summertime Sadness", "National Anthem", "Million dollar man"; o sonreír alegremente con el ritmo desenfadado de "Off the races". En esa variedad radica, sobre todo, la enorme cantidad de votos positivos que le están ofreciendo estos días los críticos musicales más exigentes.
En sólo 48 horas, "Born to die" ha logrado convertirse en el favorito de la semana, superando incluso el volumen total de ventas de los discos que a fecha de hoy forman el Top 10 en Estados Unidos, y alcanzando instantáneamente el número 1 de descargas digitales en iTunes en 11 países. Esto es sólo el principio. La meteórica carrera de la "Nancy Sinatra gángster", como ella misma se define, no ha hecho nada más que comenzar y promete darnos muchas sorpresas a partir de este momento.
Siempre he pensado que un disco merece realmente la pena si somos incapaces de saltar de una a otra canción sin llegar a escucharlas enteras. Pero, si además sentimos la irresistible necesidad de volver a pulsar "play" nada más finalizar el último corte del CD, significará definitivamente que hemos quedado atrapados por su magia. Y eso, precisamente, es lo que ocurre con el segundo trabajo de Lana del Rey, una atractiva y muy completa colección de canciones que acaban de aterrizar en nuestra vida dispuestas a llenar de encanto y elegancia la banda sonora que marcará los mejores momentos del día durante los próximos meses.
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