La Orquesta de Paul Van Dyk

Existen momentos a lo largo del día que jamás se podrían pagar con dinero. Son pequeños instantes, detalles y encuentros con tantísimo valor que se agradecen infinitamente y convierten cada una de nuestras rutinarias jornadas en especiales y únicas. Entre ellos, por supuesto, se encuentran las agradables conversaciones que solemos mantener con nuestros mejores amigos. Porque no hay nada más gratificante que hacer un paréntesis para disfrutar de un delicioso café o una cañita en buena compañía, sin prisa; con el fondo de esas apasionantes charlas sobre música en las que pasamos el tiempo intercambiando opiniones, descubrimientos, recuerdos... Como suele decir mi querida amiga Fina, debemos aprender a disfrutar de esos placeres que nos ofrece la vida y están ahí para conseguir ralentizar el ritmo estresante y monótono de nuestro día a día.

Miguel Angel Zalve es uno de esos grandes amigos con los que hablar de música se convierte en un placer indescriptible para cualquiera. Disc-Jockey de la vieja escuela, apasionado del sonido electrónico más vanguardista y auténtico conocedor de las dos décadas más creativas y productivas que ha tenido la denominada "cultura maxi". Su archivo personal, en el que siempre es un auténtico lujo perderse durante horas, permanece abarrotado de joyas en sus ediciones originales de vinilo y a 45 rpm. Es, lo que se dice... un completo enamorado de la música bien hecha en todos los sentidos. Y fue en uno de nuestros más recientes encuentros cuando no dudó en recomendarme entusiasmado el concierto del que os hablaré a continuación.

Veréis... En febrero de 2009, Paul Van Dyk decidió unirse a Paavo Järvi, uno de los directores de orquesta más prestigiosos de toda Europa en un ambicioso proyecto puesto en marcha por You FM. La idea era brillante desde un primer momento y ambos aceptaron el reto conscientes de la importancia que tendría el acontecimiento para todos los apasionados seguidores del reconocido DJ y productor alemán. La mezcla prometía ser única, con una potente base electrónica de sintetizadores, secuenciadores y cajas de ritmos capaz de unirse milimétricamente a la impresionante HR-Sinfonieorchester. Y todo ello, en riguroso directo y a lo largo de una hora de show que no dejaría a nadie indiferente, en una única e irrepetible noche que sería transmitida a través de radio y televisión. Como era de esperar, el denominado "Music Discovery Project" pasó a convertirse inmediatamente en uno de los espectáculos más originales de todos los que ha dado la historia de la música electrónica.

La totalidad de composiciones incluidas en el tracklist del concierto celebrado en Frankfurt cuentan con la imponente firma del propio Paul Van Dyk y fueron revisados, adaptados y producidos nuevamente pensando en este histórico encuentro. En el repertorio destaca una insólita versión del clasico "For an Angel" que suena realmente espectacular y se convierte en una de las piezas centrales del show. .

Aquí tenéis el concierto íntegro. Subid el volumen... pulsad "play" y, eso sí... disfrutadlo sin prisa y a pantalla completa. La unión perfecta de música clásica y electrónica. Todo un placer para los sentidos.




TRACKLIST:

01.- Forbidden Fruit / Astral Clusters
02.- Let Go / Ionic Plasma (Vocalista: Johnny McDaid)
03.- For an Angel / Reionization
04.- Cast Away / Cosmic Odyssey (Vocalista: Josee Hurlock)
05.- Dètournement / Quantum
06.- White Lies / Singularity of Duality (Vocalista: Josee Hurlock)
07.- Nothing But You / Deimos Rising
08.- Talk in Grey / Spectral (Vocalista: Ryan Merchant)
09.- New York City / Journey to the 5yh Dimension (Vocalista: Jemma Endersby)
10.- Time of Our Lives (Vocalista: Johnny McDaid)

ANDIE: La revelación musical del año


Fresco, desenfadado, directo y adictivo. Así es "Pervertido", el disco con el que Andie salta a la escena musical dispuesta a conquistar el mercado y los gustos más exigentes. Cuatro canciones que concentran la verdadera esencia de una carrera imparable hacia el éxito a través de una atractiva mezcla de ritmos y estilos divididos en dos caminos bien diferenciados. Sus temas nos invitan tanto a bailar como a reflexionar, pero siempre aportando unos matices únicos, personales y muy distintos a todo lo escuchado anteriormente. Es por ello por lo que su voz, versatilidad y tremenda facilidad para conseguir emocionarnos en cualquier estilo, se han convertido ya en la particular seña de identidad que marcará su trayectoria desde este momento.

Andie llega pisando fuerte de la mano de Inlakech Records y su fiel productor, el prestigioso músico y compositor Juanma Basavilbaso. Juntos dan forma al tandem perfecto, al trío de ases encargado de ofrecer ese nivel de frescura y renovación tan necesarios en este instante dentro de la música nacional. Compone e interpreta sus propios temas sin imposiciones de ningún tipo, dando rienda suelta a sus inquietudes y reflejando las experiencias que van marcando su vida a través de letras con las que todos podemos llegar a sentirnos identificados. Son los principales ingredientes de la fórmula que ha convertido a Andie en la indiscutible revelación musical del año.

El camino hacia el éxito no ha hecho nada más que comenzar para  un disco que nos engancha desde la primera escucha y no deja de sorprender a propios y extraños. Se hace corto y nos deja con ganas de más, por lo que nos resulta imposible no volver a disfrutarlo sin descanso una y mil veces. Indudablemente, la magnífica acogida del EP marcará el punto de partida para un próximo trabajo de larga duración que todos esperamos con gran impaciencia.

Si creéis que lo habéis escuchado todo y ya nada sería capaz de sorprenderos... os invito a subir el volumen y dejaros llevar a otro nivel con "Pervertido". Os garantizo que, desde este momento, quedaréis absolutamente atrapados por el encanto e inagotable talento de Andie. Yo, desde luego... ya lo estoy.



TINO CASAL: La leyenda de un genio.

El 22 de septiembre de 1991, España perdía a uno de los artistas más carismáticos, innovadores, visionarios y únicos de toda su historia musical. Un auténtico genio hoy en día injustamente olvidado por las nuevas generaciones que crecen al ritmo de Justin Bieber, Pitbull o Dani Martín, pero siempre querido y vivo en el recuerdo de los que vimos nacer la leyenda a golpe de éxito, de constancia e ilusiones puestas en una forma única y personal de entender y amar la música.

-“¿Me puedes poner la canción “Embrujada” de Despistaos?, preguntaba un joven oyente que me llamaba no hace mucho a la radio.
-Por supuesto. Pero… ¿no prefieres la versión original de Tino Casal?
-¿De Tino… qué? Creo que me suena de algo, pero no lo conozco. ¿Embrujada es suya?

Tenía 17 años y no había escuchado jamás a Tino Casal, así es que decidí “pinchar” las dos versiones, para que fuera él mismo quien las comparara a cambio de una simple la promesa: llamar de nuevo para contarme sus impresiones. Y, por supuesto, cumpliendo su palabra, volvió a ponerse en contacto conmigo unos minutos más tarde.

-La de Despistaos es más rockera y me gusta más -dijo-, pero la otra está mejor hecha.

Sin saberlo, había creado la mejor crítica que he escuchado jamás de la canción con sólo tres palabras: “está-mejor-hecha”. Y es que así es la música de Tino Casal, cuidada hasta el más mínimo detalle, con producciones impensables para la época en la que fueron concebidas, adelantadas a su tiempo y a veces también incomprendidas por un cierto sector de público anclado en el pasado.

Tino rompió moldes. Fue pionero en todas las facetas artísticas en las que centró su vida. Sin ir más lejos, en la grabación de “Embrujada” utilizó cuatro pistas sincronizadas en un Roland que en aquella época no tenía nadie en España y el videoclip promocional, uno de los primeros de nuestra historia, fue tan innovador que llegó a proyectarse en algunos cines, antes de cada película, en 1982.

Tremendamente inconformista, siempre quiso ir unos pasos más allá. Su imaginación no tuvo límites. Fue un auténtico profeta de los ritmos y sonidos que marcaron las bases del pop electrónico en nuestro país. Escuchadas ahora, con la distancia que ofrece el paso del tiempo, todavía nos parece sorprendente la cuidada producción de joyas como “Pánico en el Edén”, “Tigre Bengalí”, “Teatro de la oscuridad”, “Bailar hasta morir”, “Histeria” o su tremenda versión del clásico “Eloise” de Barry Ryan, canciones que también fueron remezcladas en espectaculares ediciones extendidas que marcaron un antes y un después en la denominada “Cultura del Maxi-Single”.

No faltaba quien lo veía como un bicho raro debido a su peculiar forma vestir, siempre llamando la atención con despampanantes trajes atiborrados de complementos que hacían girar la cabeza a todo el que se cruzaba en su camino. Pero esa extravagancia también formaba parte de la personalidad del artista. Se sentía identificado con esa imagen y utilizaba la ropa que él mismo diseñaba sin ningún tipo de prejuicios, tanto para subir a un escenario como para tomar café en el bar de la esquina.

“Ya no se hace música como la de Casal”, aseguraba un amigo en una charla reciente. Y, en parte, no le faltaba razón. En estos tiempos carentes de ideas nuevas, necesitamos a alguien tan innovador como Tino, a otro arquitecto del sonido capaz de ofrecernos sensaciones renovadas con unos simples acordes unidos a una voz poderosa y versátil. Sin embargo, hasta la fecha, nadie ha podido igualarlo ni transmitirnos las mismas emociones. Nadie ha sido capaz de ofrecernos tanto con un puñado de sencillas historias convertidas en música, de canciones transformadas en pequeñas obras de arte.

Si Tino no hubiese fallecido, ahora sería uno de los productores más reconocidos de la música en nuestro país. Ese fue su proyecto más ambicioso e inmediato, tristemente truncado por la fatalidad del destino. Era conocido por todos su deseo de fundar un sello discográfico propio con el que poder dedicarse por completo a la composición y producción musical para otros artistas, un terreno que ya dominaba a la perfección porque había dado forma a algunos de los temas más importantes de Vídeo, Goma de Mascar, Juan Carlos Valenciaga, Tacones, Pato de Goma, Ángel o Massiel. Aunque parezca increíble, también produjo los dos primeros discos de la legendaria banda de heavy-metal Obús, demostrando una tremenda facilidad para desenvolverse con maestría en cualquier estilo musical que se le pusiera por delante.

Casal es el sinónimo más exacto que puede encontrarse de la palabra artista. Fue compositor, productor y cantante, pero también demostró sus habilidades con la pintura, la escultura y el diseño gráfico. Nunca estuvo cerrado a las corrientes artísticas más vanguardistas que aterrizaban en la España de los ’80 procedentes, sobre todo, de Londres, ciudad que adoraba y consideraba el principal motor de su inspiración.

Pasó sus últimos años trabajando sin descanso, ilusionado tras su vuelta a los escenarios después de haber visto como la muerte llamaba a su puerta en 1985. Un esguince sufrido en plena gira, derivó en un grave proceso de necrosis al desobedecer a los médicos que aconsejaron reposo absoluto. Se libró. Burló a la muerte, pero la parca estaba esperándolo de nuevo en el kilómetro 4,500 de la M-500, conocida como Carretera de Castilla, a las 7 de la mañana de un fatídico 22 de Septiembre de 2001. Regresaba a casa tras abandonar la discoteca Gotham junto a otros tres amigos. Había llovido mucho durante toda la noche en Madrid y el vehículo en el que viajaban se salió de la carretera chocando contra una farola. La parte del copiloto, donde se encontraba Tino, quedó destrozada por completo. No llevaba puesto el cinturón de seguridad. José Celestino Casal perdía la vida de la forma más inesperada y trágica. Fue la única víctima mortal del grave accidente. Tenía 41 años y un futuro cargado de ilusiones y proyectos que nunca llegaría a realizar.

Hoy, todos tenemos una deuda con él. Nos hizo bailar, nos emocionó, nos enseñó lo que estaba por llegar antes que nadie. Por eso, es necesario recordarlo como se merece: como uno de los artistas más grandes que ha dado la música en España. Si Tino hubiese nacido en Estados Unidos, Inglaterra o en cualquier otro país más justo y agradecido con el legado de sus artistas, todo sería bien distinto. Hoy sería recordado como la leyenda que siempre fue, ocupando en la historia el mismo nivel de otros grandes músicos como Freddie Mercury, Kurt Cobain, Jim Morrison o Bob Marley.

Así es que, como homenaje, te propongo hacer un viaje en el tiempo. Piensa en “Embrujada”, en la original, y deja que su poderosa magia invada tus sentidos. Esta fue la herencia de Tino Casal, el genio con la personalidad más arrolladora de la historia de la música en España.

“Stop, mi bruja, con tacón de aguja
víctima del desamor.
Date prisa, envuélvete en la brisa
olvida tu malhumor”.



Medio Siglo de "Love Me Do"

Acaba de cumplirse medio siglo de uno de los momentos fundamentales en la trayectoria musical de The Beatles. Por primera vez, en 1962, el cuarteto de Liverpool lograba entrar por la puerta grande en las listas de éxitos de la época con "Love me do", una de sus más brillantes composiciones que, cincuenta años más tarde, vuelve a demostrar que los clásicos nunca pasarán de moda. Con este primer sencillo, los fabulosos cuatro pasaron de ser un grupo de la zona a obtener reconocimiento y excelentes críticas más allá de las fronteras del condado de Merseyside. Así comenzaba la leyenda.

Era un 6 de junio de 1962. John, Paul, George y por aquel entonces Pete Best, aprovecharon la jornada para dejar grabado el que, sin saberlo, se convertiría en uno de los temas que más satisfacciones y buenos momentos les iban a aportar en sus inicios; su primer éxito oficial en el Reino Unido, la canción por la que muchos empezaron a mostrar un grandísimo interés hacia la música de estos cuatro jóvenes rebeldes cargados de sueños e ilusiones. Ese histórico día del que ahora se cumplen 50 años, el grupo tuvo su primera sesión en los legendarios estudios londinenses de EMI en Abbey Road como parte de una soñada audición para el sello filial Parlophone. En ella, se grabaron cuatro temas: "P.S. I love you", "Bésame mucho", "Ask me why" y, por supuesto... la primera de las tres versiones que finalmente llegaron a registrarse de "Love me do".

Rechazando el máster del 6 de junio y no quedando contento con el resultado final, el productor George Martin decidió sustituir a Best por Ringo Starr a la batería en una nueva sesión programada para el 4 de septiembre. Pero aún así y después de todo, tampoco quedó completamente convencido y contrató al músico profesional Andy Williams para ocuparse de la sección rítmica. El resultado fue una tercera grabación que contó con la aportación, eso sí, de Ringo tocando la pandereta.

La versión que finalmente se presentó al mundo como single, fue la segunda, la de Starr a la batería. Apareció a la venta el 5 de octubre de 1962 como cara A de un vinilo que también incluía el estupendo "P.S. I love you" en el lado opuesto. En pocos días, sorprendentemente, llegó a despachar más de 100.000 copias y entró directamente a número 17 de la lista británica Record Retailer, una de las más prestigiosas e influyentes por aquel entonces en todo el país.

En "Please Please Me", el primer LP del grupo estrenado un año más tarde, se optó por incluir la grabación de Andy Williams y esta es, precisamente, la que a lo largo de la historia ha ido recuperándose en todos los recopilatorios de grandes éxitos editados sobre la banda. Es por este motivo por el que la edición original editada de "Love me do" en formato single de 7'', se ha convertido en una joya muy codiciada y perseguida por los incondicionales y exigentes coleccionistas de discos con un elevado valor histórico. Por su parte, la completísima trilogía de rarezas remasterizadas y material inédito "The Beatles Anthology" nos ofrece la única posibilidad hasta el momento de escuchar la primera versión con la batería de Pete Best, la misma que estos días se encuentra celebrando su primer medio siglo de vida.


Primera y rarísima versión de "Love me do" con Pete Best a la batería.(06-Junio-1962)
Remasterizada y recuperada en el primer volumen de la colección "The Beatles Anthology" (1995)

Larga vida al disco de vinilo

Lo primero que hacen todos aquellos amigos a los que habitualmente recibo en casa, es dirigirse por instinto al espacio de honor reservado a mi importante colección de discos. Se trata de una habitación abarrotada de estanterías sobre las que descansan miles compactos, viejas cassettes y, sobre todo... discos de vinilo en sus distintos formatos. Los hay de todo tipo: rarezas transparentes o impresas en los más diversos colores, flexibles, ediciones numeradas y limitadas... o incluso algunos con curiosas terminaciones que fueron la merecida recompensa a mis largas horas invertidas en tiendas, ferias de coleccionistas y mercadillos de segunda mano.

Para mí siempre supone una satisfacción enorme escuchar estos recuerdos en buena compañía, revolviendo sin descanso aquellas pequeñas joyas capaces de hacernos recordar un determinado momento en la vida, una sensación o emoción recuperada instantáneamente de nuestra memoria gracias al extraño poder que ejerce la música en los sentidos. Y aunque últimamente he dedicado mucho tiempo a digitalizar todo este material, sobre todo por seguridad y movilidad, me encanta aprovechar cualquier oportunidad para volver a sentir el inmenso placer que supone sacar el vinilo de su carpeta, limpiarlo, colocarlo sobre el plato giradiscos y escuchar ese característico chasquido de la aguja entrando en contacto con el microsurco. Pues sí... reconozco que me encanta coleccionar y escuchar discos a 33 ó 45 rpm, de 7'' o 12'', antiguos o nuevos lanzamientos editados en este formato del que muchos artistas se resisten a prescindir sabiendo la importancia que tiene esta emocionante forma de disfrutar la música.

En la época del sonido digital y la tan nombrada crisis del sector, resulta curioso comprobar como el crecimiento del vinilo está reactivando considerablemente el mercado de la música. Cada vez son más las bandas que deciden apostar fuerte por el antiguo formato y presentan sus producciones a 33 rpm, influyendo directamente en la demanda y cada vez mayor interés por parte de los nostálgicos compradores. Katy Perry, David Bowie, Paul McCartney, Flaming Lips y White Stripes se encuentran entre los distintos artistas que han decidido inmortalizar sus trabajos en microsurco coincidiendo con la celebración del Día de las Tiendas de Discos el pasado 21 de abril. Los establecimientos independientes han sabido aprovechar esta carta a su favor en la dura competencia que suponen los servicios de venta digital y demuestran con datos que los vinilos no llegaron a morir tras la aparición del CD el 17 de agosto de 1982. Las cifras hablan por sí mismas. El año pasado, las ventas de maxi-singles y long plays en formato gramofónico aumentaron un 39% con la nada despreciable cifra de casi 4 millones de ejemplares despachados.



Son muchos los argumentos que los coleccionistas de discos ponemos sobre la mesa a la hora de defender esta apasionante afición. ¿Y tú por qué coleccionas vinilos?, suelen preguntarme aquellos que conocen mi inquietud por conseguir todo objeto circular que contenga música. Y lo cierto es que siempre respondo lo mismo. Los motivos son muy diversos y fáciles de entender por quien haya tenido el placer de "pinchar" alguno de estos "plásticos", bien sea por trabajo o por el simple gusto de disfrutarlos tranquilamente en la intimidad de su hogar.

Cada disco nos hace recordar un determinado momento en nuestra vida; y no sólo por la música grabada en él, sino también por su diseño de portada o sencillamente el logo impreso en su "galleta", como aquel entrañable rombo amarillo con las letras MAX en su interior que identificaba, sobre todo, a los mayores éxitos del italo-dance ochentero presentados en España por el desaparecido sello Max Music. Y, por supuesto, algunas carátulas ya clásicas que han pasado a la historia convertidas en auténticas obras de arte, como las de: "In the court of the Crisom King", de King Crisom; "Nevermind", de Nirvana; "Wish you were here", de Pink Floyd; "Abbey Road", de The Beatles; o "Axis: Bold as Love", de Jimmy Hendrix... por citar sólo unas pocas de las muchas que ahora mismo están viniendo a mi cabeza. El caso es que sonido e imagen se unen para hacernos revivir el día que compramos un determinado disco o fue pinchado por nosotros por primera vez, y eso es algo que no ocurre ni ocurrirá jamás con cualquier canción que descarguemos a través de los actuales canales de distribución y venta digital. Por supuesto, a esta razón se unen otras muchas; como el placer de buscar un determinado disco en esas tiendas especializadas con olor a cartón viejo; la emoción de escuchar ese ruido a fritura en los álbumes más gastados por el uso y, una de las más importantes... su calidad de sonido, muchísimo más pura que la que puede llegar a ofrecernos cualquier otro soporte en la era digital.

En varias ocasiones he demostrado a los amigos más escépticos la diferencia que existe entre un disco de vinilo y su correspondiente edición original en CD, tal y como ha sido masterizada y comercializada posteriormente para los actuales reproductores digitales. En la prueba, siempre pongo en práctica el mismo experimento. A través de un buen equipo, les pido escuchar atentamente un pequeño fragmento seleccionado de ambas ediciones para que puedan confesarme, con toda sinceridad, cuál creen que suena mejor. Lo curioso es que siempre eligen, sin saberlo, el sonido analógico del disco de vinilo. "Tiene los bajos más profundos", dicen. "Suena más puro, más real". Y atención, porque se trata siempre de una determinada canción comercializada en Compact-Disc a partir del mismo master utilizado en la fabricación del vinilo.

Desde hace tiempo, entre los técnicos de sonido se habla de la denominada "carrera" o "guerra" del volumen que lamentablemente sigue afectando a la música digital. Se intenta que suene más alto, pero lo cierto es que con esta medida se aplasta salvajemente el rango dinámico, afectando de forma directa a la claridad y pureza del sonido. Los ingenieros encargados del mastering ponen como excusa la movilidad de la música actual y piensan que un disco deberá competir con el ruido ambiental al ser escuchado, en la mayoría de los casos, a través de un reproductor de mp3 portátil y en plena calle. Por este motivo, aplican la correspondiente subida en el volumen en la mezcla final perdiendo por el contrario en la dinámica. El más claro ejemplo lo encontramos en el siguiente vídeo, una interesante comparativa con la canción "Wasted years" de Iron Maiden en sus dos ediciones grabadas en CD y LP de vinilo.



Pero lo más importante de todo es que el disco gramofónico jamás ha muerto ni desaparecerá del mercado. Al contrario, Aún sigue estando muy presente y despierta pasiones entre los melómanos más exigentes. Los coleccionistas nos agolpamos en las tiendas especializadas y ferias temáticas que se organizan regularmente en distintos puntos del mundo con la ilusión de encontrar siempre alguna joya que pase a formar parte de nuestra discoteca particular. Las nuevas generaciones disfrutan desempolvando los viejos discos de sus padres y descubren así otro tipo de sonido alternativo al mp3. Y, mientras tanto, otros muchos aprovechan cualquier oferta en mercadillos de segunda mano para conseguir a precio de ganga algún que otro desgastado álbum que se encargue de dar uso al viejo tocadiscos que conservan con cariño en el salón de casa. Sea como sea, lo mejor es que sigue entre nosotros y recupera poco a poco el glorioso lugar que ocupó hace años en las tiendas de música.

Ahí está, ganando adeptos, despertando pasiones y emocionándonos en cada giro, con cada vibración de la aguja recorriendo el microsurco, con sus entrañables chasquidos de fondo y esos molestos rayones con salto incluido que tantos quebraderos de cabeza nos han ocasionado en nuestros discos favoritos. Y es que, indudablemente... con sus virtudes y defectos, sigue siendo el rey. Por eso, os invito a buscar la joya más preciada de vuestra colección, a observar sin prisa cada uno de los detalles de su portada antes de sacarlo lentamente de la carpeta y colocarlo con delicadeza sobre el tocadiscos, a colocar la aguja sobre su superficie esperando escuchar el "click" que indique el perfecto ensamblaje en el interior del surco. Y por último... que empiece a sonar la música... que vuelvan a vuestra mente los mejores recuerdos para disfrutar con los cinco sentidos de uno de esos pequeños placeres que nos ofrece la vida. Seguro que al alcanzar ese punto, no podréis evitar cerrar los ojos, empezar a imaginar y desear con todas vuestras fuerzas una larguísima y espléndida vida al entrañable y siempre querido disco de vinilo.


Interesantísimo documental que detalla todo el proceso de fabricación de un disco de vinilo. 

La noche que vibró Gijón


Ocurrió un agradable jueves de primavera. La resaca de la sidra se mezclaba con los ecos dejados por el ambiente previo a la gran cita musical de la temporada en el norte de España. Y ahí estábamos nosotros, rodeados por 40.000 almas entregadas, esperando escuchar un primer golpe de batería seguido por el rasgueo de una vieja y legendaria Fender "Esquire" modificada. Habíamos soñado mucho con ese instante y nos íbamos aproximando a él con los nervios propios de alguien que se encuentra a punto de cumplir uno de sus más ansiados objetivos. En el reloj, los minutos pasaban muy lentamente, con esa extraña impresión de eternidad que uno tiene al esperar un momento que parece no llegar nunca. Pero, finalmente, la magia se produjo poco después de las 21:00 horas en un inolvidable día de San Isidro de 2003. En ese instante, la leyenda del rock más puro hizo historia al ofrecer una de sus más sabias lecciones en una magistral exhibición de ritmo y energía.

Gijón estalló en un ensordecedor rugido cuando, uno a uno, fueron apareciendo en escena los miembros de la E Street Band y ocuparon sus respectivos lugares en un sobrio espacio de 50 metros adornado únicamente con los efectos producidos por 364.000 watios de luz y dos grandes pantallas situadas a ambos lados de la tarima. Roy Bittan, Danni Federici, Gary Tallent, Stevie van Zandt, Nils Lofgren, Max Weinberg, Clarence Clemons... y finalmente, tras ellos, cerrando el desfile, el gran Springsteen vestido completamente de negro, sonriendo y saludando a los incondicionales que en ese momento convertíamos El Molinón en un auténtico hervidero entre aplausos y gritos delirantes recompensados con los primeros compases de la impresionante "The Promised Land" elegida para abrir la gira española. Y, a partir de ahí, los nuevos temas del álbum "The Rising" sonando mejor que nunca y perfectamente combinados con las míticas composiciones que han ido forjando la leyenda a lo largo de 39 años resumidos en más de tres horas de absoluto y puro delirio.

Las principales cadenas de televisión nacionales se hicieron eco del concierto con noticias como estas en sus diferentes espacios informativos.




Ahora, coincidiendo con estas fechas en las que Bruce está a punto de regresar a nuestro país con el fabuloso "Wrecking Ball" bajo el brazo, es imposible no recordar aquellos entrañables momentos con la ilusión del primer día y sentir la misma emoción de entonces al pensar en el ambiente previo que rodea a cada uno de sus conciertos, en la intensidad de su música en directo y en el desgarrador grito "one, two, three, four..." que sirve de perfecta introdución para muchos de los temas que se suceden encadenados y van dando forma al más puro y directo espectáculo del rock.

Springsteen sigue siendo el perfecto maestro de ceremonias, un director de orquesta que va marcando las pautas del concierto sin normas establecidas... y no sólo para los miembros del grupo, sino también para el entregado público que abarrota los estadios adorándolo como a un dios. Improvisa, ordena, y el resto de la banda ejecuta fielmente sus órdenes al alargar infinitamente un solo o triplicar la duración de cualquier tema hasta lograr la extenuación de sus incondicionales en un estado de completa embriaguez. Desde su privilegiada tarima de orador, ofrece un vibrante discurso transformado en ritmo y letras mientras se divierte jugando con el público, sonríe, provoca y transmite en todo momento esa inagotable energía positiva que ya se ha convertido en su particular sello de identidad.

Así es el genio de New Jersey, inconformista, exigente y completamente entregado a su gente, capaz de divertirse como un niño al alargar hasta un par de horas una simple prueba de sonido y ofrecer después uno de sus más brillantes conciertos durante otras tres más, como ha ocurrido en muchas ocasiones. Disfruta haciendo música y eso se nota cada vez que aparece sobre un escenario; sin ninguna duda el mejor lugar que existe para que un artista demuestre realmente lo que vale, en directo y sin trucos de estudio, manteniendo ese contacto directo en perfecta comunicación con el público gracias al lenguaje universal de la música. Y eso, precisamente, es algo que aquella histórica noche en Gijón y en cada uno de los conciertos ofrecidos en su imparable trayectoria, Bruce Springsteen ha demostrado sobradamente. Sin ninguna duda, siempre ha sido, es y seguirá siendo... sencillamente el mejor de la clase.


("American Land" en el Hard Rock Calling Music Festival 2009, celebrado en Hyde Park de Londres)

MICHAEL KIWANUKA: El añejo sabor del soul

Los que me conocen bien, saben que cuando me da por un disco... me da bastante fuerte. Si sus canciones consiguen atraparme en la primera escucha, os aseguro que rayo la obsesión hasta el punto de llegar a reproducirlo en mi iPod en modo bucle, una y otra vez, aprovechando cualquier momento del día para seguir descubriendo hasta sus más mínimos detalles. 

Pues este es el nuevo álbum que ha logrado conquistarme. Se trata de "Home again", de Michael Kiwanuka, uno de los descubrimientos más brillantes de los últimos años en el terreno del folk blues y retro soul. Tiene 23 años y con su música es capaz de transportarnos en el tiempo, recordándonos aquellos añejos discos de vinilo que nos hicieron soñar gracias a las voces de gente como Isaac Hayes, Otis Redding, Marvin Gaye o Terry Callier. Su primer disco largo viene avalado por el éxito de varios EP, la recomendación de la BBC para su famosa lista "Sounds of 2012" y numerosas actuaciones en directo, destacando su presencia como artista invitado en los conciertos de Adele durante su reciente gira de 2011.

Siempre he pensado que un buen disco debe ser capaz de hacernos desconectar de la realidad por unos instantes, transportándonos a un mundo imaginario y envolviéndonos con un manto de emociones en el mismo instante en el que cerramos los ojos y nos dejamos llevar por sus canciones. Y... sin ir más lejos, esto es algo que Kiwanuka consigue a la perfección con cada una de las composiciones producidas a la antigua usanza para su elegante y completísimo "Home again".

Simplemente, escuchadlo y dejaos llevar por la magia de una de las grandes sorpresas del año. Porque en este caso, de nuevo... unas cuantas canciones valen más que mil palabras.